PINK: un repaso al color más precioso, poderoso y punk de la historia

PINK: un repaso al color más precioso, poderoso y punk de la historia

- 25 October 2018

En la historia de la moda y en la historia en general, ningún color ha estado tan cargado de psicología popular ni ha sido encasillado por su significado tanto como el rosa. En comparación a otros colores, el rosa siempre se ha relacionado con algo: ha prestado su poder a la moda, a los movimientos políticos y a la sociología. En muchas culturas recientes se ha acabado convirtiendo en el uniforme para mujeres y niñas, pero lo curioso de su trayectoria es que se ha reinventado a sí mismo una y otra vez, desafiando la creencia de que un color puede vincularse a una sola idea (ni a un sólo género).

De hecho, el Fashion Institute and Technology (FIT) de Nueva York ha abierto la temporada de otoño con la exposición “Pink: The History of a Punk, Pretty, Powerful Colour”, un proyecto que explora este color desde el siglo XVIII hasta la actualidad a través de piezas firmadas por reconocidos diseñadores de moda, para comprobar los diferentes significados por los que ha sido sometido al largo de los siglos.

“La sociedad ha puesto tantas limitaciones sobre lo que está bien y lo que está mal que es casi imposible tener un pensamiento puro. Antes de que alguien te diga que no te debería gustar el rosa porqué es para chicas, ¿por qué alguien iba a escoger el azul?”, se preguntaba el rapero Kanye West en 2012. “El rosa es obviamente un mejor color”.

Y es que el rosa se empezó a considerar un color para chicas durante la era de la Ilustración. Pero años más tarde asumió otros papeles: lo adoptaron los hombres de Marruecos y en España se hizo popular entre los toreros. En la década de los 50 empezó a asociarse en Estados Unidos con la hiperfeminidad. Después de la II Guerra Mundial, se usó el triángulo rosa para identificar a los homosexuales en los campos de concentración y con los años se ha convertido en un símbolo de activismo gay. Y el movimiento feminista más reciente se ha apropiado del color y lo ha llevado a un terreno de lucha en lugar de frivolidad.

Jesucristo vestía de rojo

Se dice que la primera vez que el rosa apareció fue en el año 800 a.C. cuando Homero describió el alba como “el amanecer de dedos rosados” en su Odisea. Unos cuantos siglos después, en pleno Renacimiento, se retrató a Jesucristo y a la diosa Venus vistiendo de rosa porque se vinculaba el color a la inocencia. También reyes y emperadores han sido representados vistiendo ropa roja o rosada. 

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El rosa se empezó a usar para la moda en la era de la Ilustración. La aristocracia – tanto mujeres como hombres – lo llevaba como símbolo de gusto y clase. Fue el período del Rococó (siglo XVIII) en que el arte coge un gusto por lo elegante, lo refinado, lo delicado. De ese momento nos quedan cuadros como El columpio de Fragonard.

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La corte francesa se fijó en los colores pastel, y eso trajo una nueva era para el color rosa: la popularidad de este color aumentó y ha quedado históricamente como una las primeras referencias al rosa como color femenino. En aquel momento representaba la frivolidad, la seducción y la corrupción (atributos que en la época se asociaban únicamente al género femenino. Todo bien)

El azul es para… ¿ellas?

Quizá el debate más común sobre el color rosa en la cultura occidental es su relación con su antagonista, el color azul. Eso de que el azul es para niños y el rosa es para niñas. En Estados Unidos, antes de la Segunda Guerra Mundial era completamente el contrario: el rosa era para los niños y el azul para las niñas, porque se creía que el rosa era un color con mucho poder por ser un derivado del rojo. Y así siguió hasta que comenzaron los grandes conflictos bélicos; en el momento en que los soldados de la marina y del aire se empezaron a vestir con uniformes azules, el color dio un giro y se convirtió en el símbolo por excelencia de las virtudes atribuidas a la masculinidad: valor, heroísmo, fuerza y virilidad.

¿Y como fue que el color rosa llegó a establecerse como color femenino? Hay varias teorías. La más extendida es la que atribuye la popularidad de la Primera Dama de Estados Unidos, Mamie Eisenhower. Se dice que en los 50 decoró la Casa Blanca con tantos elementos rosas que los periodistas empezaron a referirse a ella como “El Palacio Rosa” y las amas de casa norteamericanas siguieron su ejemplo.

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Coincidiendo con el final de la Segunda Guerra Mundial, los hombres volvieron a sus puestos de trabajo y las mujeres rehacieron sus vidas en casa. Así que las compañías aprovecharon ese “rosa Mamie” que estaba por todas partes como color para anunciar productos exclusivamente para mujeres y niñas. Ese rosa simboliza el consumismo más brutal de la época y desde entonces, el rosa ha ido muy ligado a los productos destinados al público femenino (de hecho, de aquí viene la conocida tasa femenina). Entre esas décadas, de 1950 a 1960, se promovió tanto la vinculación del rosa con lo femenino que la psicología popular empezó a fomentar la distinción de los roles de género. 

Así pues, la asociación del rosa con la feminidad es un hecho bastante reciente. Pero, ¿por qué será que cuando el rosa aparece en la pasarela intentamos analizar su significado con una intención que no siempre aplicamos a otros colores? En el caso de Dior, el rosa pálido y el gris fueron señas de identidad de las colecciones de finales de los años 40 y la década de los 50, pero no utilizaba el rosa para referirse a la feminidad. Otra revolucionaria del rosa fue Elsa Schiaparelli, pionera con por su conocido “shocking pink”, color que se ha convertido en todo un icono en el mundo de la moda.

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A mediados de la década de 1990 vemos a Gianni Versace y a Karl Lagerfeld regodearse también en el color rosa. En el caso de Miuccia Prada, ese boom del rosa para mujeres es al parecer lo que llevó a evitar ese color durante años.

Un hecho importante en la década de los 90 fue la rueda de prensa que dio Hillary Clinton siendo Primera Dama, que ha pasado a la historia como la “rueda de prensa rosa“. Sentada en la sala del comedor del Estado de la Casa Blanca, Clinton contestó a varias preguntas vistiendo de rosa. Los comentaristas políticos de la época juzgaron inmediatamente que “aquello no era una chaqueta rosa, era una estrategia de relaciones públicas”. Ahí vemos la connotación política de un simple color.

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P(u/i)nk’s not dead

Y no nos olvidemos del punto rebelde que tiene el rosa gracias a la iconografía del punk: Siouxsie Sioux se pintaba los párpados de rosa eléctrico, Courtney Love convirtió el rosa en grunge y Debbie Harry, de Blondie, en los 70 vestía tanto de rosa que asoció ya para siempre el punk con el color rosa.

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De hecho, es en la rebeldía donde el rosa se hace más fuerte. Y es que en los años más recientes, el color se ha visto especialmente envuelto en el debate sobre género: cada vez hay más fluidez de géneros encima de las pasarelas y está siendo reclamado por la cultura popular y recuperando su lugar como símbolo de la fuerza y unión femenina. 

Aún así, la idea de que el color rosa se vincula a las mujeres aún está arraigado y el binomio de colores continuará conforme la estética y la expresión de género vayan evolucionando. Quizá habrá un día en que el rosa volverá a ser solamente para ellos. O mejor aún, para todos. Porque hasta ahora las actitudes respecto el rosa eran actitudes influenciadas a lo que se pensaba de las mujeres (históricamente cuando algo se ha asociado a mujeres, ha resultado ser malo o vergonzoso).

No es fácil cambiar el pensamiento tras años de historia, aún vemos que los fabricantes de juguetes infantiles no han entendido mucho de qué va el tema, pero sí que podríamos decir que es el rosa millennial el color de una generación que cuestiona y rechaza todo tipos de estereotipos y que, poco a poco, derrumbará todas las fronteras.