Instagram. Jugando a ser Dios con la creatividad de la comunidad virtual

Instagram. Jugando a ser Dios con la creatividad de la comunidad virtual

- 16 February 2018

Las redes sociales democratizan el arte. Dan la oportunidad a los artistas de promover su obra. Encontrar en la comunidad virtual reconocimiento, sin necesidad de formar parte de la industria artística. Pero las redes también dibujan los límites de la expresión artística. Eligen lo que es apto y lo que no. Sí, en 2018. A través de unas normas comunitarias reaccionarias.

El desnudo ha sido recurso habitual de artistas. Siempre. A lo largo de la historia del arte. Ha ido evolucionando, como cualquier temática artística. Primero solo veían la luz los desnudos mitológicos, que presentaban personajes ficticios. La Venus de Botticelli. El David de Miguel Ángel. Las gracias de Rubens. Y luego llegó Goya con su Maja Desnuda: uno de los primeros desnudos realistas del mundo pictórico. Le siguieron obras más osadas, como El Origen del Mundo de Courbet. En su momento consiguieron ruborizar a más de uno. Levantaron dudas, cosecharon críticas. Pero no hubo entonces una aniquilación del arte. Hoy la hay.

Pics or It Didn't Happen

El Salón des Réfuses del s. XXI

Las obras rechazadas. Censuradas y eliminadas por Instagram. Arvida Byström y Molly Soda dieron forma el año pasado a Pics or It Didn’t Happen. Un libro que recogía 270 imágenes que habían sido censuradas en la red social. De usuarias de todo el mundo. Profesionales y amateurs. Artistas y no artistas. Entre todas estas fotografías, se encontraban las de las propias autoras. Byström es fotógrafa y modelo sueca. Musa de Adidas. Con 247.000 seguidores en Instagram. Se ha consolidado como activista en los últimos meses. Junto a Soda, con este libro denunciaron la censura del cuerpo femenino en general. Sobretodo de su desnudez integral. Pero también de contenido sin carácter sexual tan ordinario como el vello corporal o la sangre menstrual.

Juan Francisco Casas

Más allá de la fotografía

La censura de Instagram alrededor del desnudo ha llegado más allá del ataque a la obra de fotógrafos. Su marca: el boli Bic. Juan Francisco Casas trabaja a partir de retratos fotográficos. Trae consigo dibujo realista que trata lo público y lo privado. Sexualidad tópica y, a menudo, desnudos. Su obra ha sido expuesta en el Museo ARTIUM de Vitoria. También en la Colección de la Real Academia de España en Roma. Recibió el primer toque de atención de una red social en 2009. Por parte de Facebook, para ser exactos. Desde aquel momento, ha perdido la cuenta de las veces que Instagram ha retirado alguno de sus dibujos. Siempre por representaciones de desnudo. Siempre acogiéndose a esta norma comunitaria:

“Somos conscientes de que es possible que algunes persones quieran compartir imágenes de desnudos de caràcter artístico o creativo; sin embargo, por diversos motivos, no permitimos que se publiquen desnudos en Instagram. Esta restricción se aplica a fotos, vídeos y determinado contenido que muestran actos sexuales, genitales y primeros planos de nalgas totalmente al descubierto. También se aplica a algunes fotos de pezones femeninos; sin embargo, sí se permiten fotos de cicatrices de mastectomías y de lactància materna. También se aceptan desnudos en fotos de cuadros y esculturas.”

Y más. Ya no es posible contabilizar los casos de perfiles y post censurados. El hecho va más allá de prohibir ciertas temáticas artísticas, como el desnudo. Que Instagram sea quien decide qué podemos o no mirar. Es el hecho de establecer cómo han de tratarse las temáticas. Que se estigmatice el desnudo, la menstruación o la imagen corporal. La plataforma prohibe las fotos y asegura permitir los cuadros o las esculturas. Casas puede subir una fotografía de la Maja de Goya, pero no sus propias ilustraciones. En su día hubo una versión de la Maja vestida, pero nunca se destruyó a la desnuda. La censura que no hubo a principios del siglo XIX, la hay ahora. Porque ahora sí se mata el recorrido de obras de artistas como Casas o Byström. Se corta las alas a su creatividad. Y se limitan sus oportunidades profesionales. Porque si Instagram es una ventana al mundo, es para los artistas un museo.

*La obra de portada es de Arvida Byström