George Sand, una mujer con pluma

George Sand, una mujer con pluma

Frédéric Chopin (1810-1849), virtuoso compositor polaco, considerado uno de los más importantes de la historia. George Sand (1804-1876), pseudónimo de Amantine Aurore Lucile Dupin, escritora francesa inmersa en el mismo círculo literario que nada más y nada menos que Heinrich Heine, Victor Hugo, Honoré de Balzac, Julio Verne y Gustave Flaubert. La mayoría habrá, por lo menos, oído a hablar de Chopin. Sin embargo, dudo que pudiéramos decir lo mismo de su pareja, Aurore. Es más, ¿cómo es posible que una figura perteneciente al mismo grupo que estos literatos conocidos por todo el mundo, sea tan poco visibilizada en comparación a dichos personajes masculinos? 

Son muchas las razones por las que cabría destacar a esta transgresora mujer, empezando por haber tomado la decisión de divorciarse de su marido, el barón Casimir Dudevant. Luego no serían pocas las relaciones que mantendría con hombres, sin volver a casarse nunca, otro aspecto a destacar teniendo en cuenta la época. Y, por si fuera poco, tras abandonar a su esposo, Aurore comenzó a preferir el uso de vestimentas masculinas, ya que dicho “disfraz” le permitió circular más libremente en París. Así obtuvo acceso a lugares que, de otra manera, habrían estado negados para una mujer. En efecto, ésta era una práctica excepcional para el siglo XIX, en el que los códigos sociales, especialmente de las clases altas, eran de una gran importancia. De hecho, como consecuencia de esto, Aurore perdió parte de los privilegios que había obtenido al convertirse en baronesa. Pero esta actitud que adoptó Aurore no fue simplemente por cuestiones prácticas, ya que ésta tenía la convicción de que el género femenino posee multiplicidad de formas y contenidos, por lo que afirmaba que la mujer no existe, sino que sólo hay mujeres cuyos tipos varían al infinito. Por lo tanto, vemos que, incluso, además de transgredir, se trata de una figura que ya teorizaba sobre el género en pleno siglo XIX.

Sin embargo, más allá de todas estas revolucionarias actitudes, por lo que más debería ser reconocida George Sand, quizás, es por su obra literaria. Pasó el invierno de 1838 a 1839 con sus hijos y su pareja, el reconocidísimo Chopin, en una casa cerca de Palma de Mallorca y, tras ser invitados a dejar dicho domicilio por desconfianza hacia la enfermedad del compositor, se alojaron en la Cartuja de Valldemosa, viaje que fue narrado por Sand en su libro Un invierno en Mallorca (1855), en el que describe la isla como “la verde Helvecia, bajo el cielo de Calabria, en la solemnidad y el silencio de Oriente”. He aquí su brillante pluma, que no se limitó a escribir únicamente obras autobiográficas, sino también novelas, obras de teatro, críticas literarias y textos políticos.

En definitiva, aunque en el siglo XIX no estaban en absoluto dadas las condiciones para el destape de la mujer, ni mucho menos para el reconocimiento de la igualdad social con respecto al hombre, hemos podido comprobar que esto no significa que no existieran figuras transgresoras de género, feministas primigenias si las etiquetamos sin rigor desde una perspectiva actual. Es más, esta clase de mujeres ya las podemos encontrar en etapas todavía más arcaicas; por ejemplo, en época medieval, la filósofa y escritora Christine de Pizan (1364-1430), o, incluso, mucho antes, la poeta Safo de Lesbos (650/610-580 a.C.), cuyos poemas se recitaban y conocían en la sumamente patriarcal Atenas del siglo V a.C. Así pues, a pesar de que no fueran conscientes de ello, se trata de las precursoras del feminismo. El problema reside en que, en pleno siglo XXI, aunque pueda ser tendencia alabar a la verdaderamente genial e icónica Virginia Woolf, muchas de estas figuras todavía no se han visibilizado, o no lo suficiente, hasta el punto de que George Sand, en el milagroso caso de ser conocida, lo es antes por ser la pareja de Chopin o por su forma “rara” de vestir que por su mérito literario. Habrá quien piense que no son más que personalidades del pasado que ya poco tienen que ver con el presente, pero su ejemplo tiene todo que ver con el momento que estamos viviendo. Es por este motivo que conviene recordar a las muchas mujeres con inquietudes literarias, políticas y sociales que supieron rebuscárselas para hacerse oír, como George Sand, o, mejor dicho, Aurore.