Geishas: más que una cara bonita

Geishas: más que una cara bonita

- 28 February 2019

Cuando hablamos de Japón es fácil crear en nuestra mente la imagen de una mujer con la cara pintada de blanco, los labios rojos, las cejas pintadas y un kimono largo. Las geishas son una figura esencial en la cultura japonesa y un sello de su tradición fuera del país. Pero realmente es poca la información que llega a occidente sobre ellas.

La palabra “geisha” significa, literalmente, “persona que practica las artes”. Esta profesión nació hace más de cuatrocientos años. Su cometido principal era entretener a los clientes en banquetes ofreciendo música, danzas o sirviendo saque. Un dato sorprendente es que en sus inicios eran los hombres los que se dedicaban a este trabajo, pero poco después comenzó a trasladarse a las mujeres.

Entre los cometidos de una geisha se encuentra el dominio de la conversación, las danzas tradicionales, el canto, la literatura, la poesía, los arreglos florales, tocar instrumentos tradicionales japoneses y el conocimiento de la cultura japonesa. Estas mujeres son instruidas en todas estas artes desde muy jóvenes en casas de geishas, llamadas Okiya, donde viven hasta el fin de su contrato. Estas casas están situadas dentro de los Hanamachi o barrios de geishas. Uno de los barrios más conocidos es el de Gion, en Kioto. 

El instrumento musical más utilizado por las geishas es un instrumento de tres cuerdas llamado shamisen. El shamisen es muy conocido en Japón por tradición y tiene un sonido muy característico. Es uno de los instrumentos fundamentales que una geisha debe aprender a tocar. Mientras que a veces lo tocan solas, ofreciendo la música en directo como pura fuente de entretenimiento, otras veces participan dos o más geishas en la actuación: una bailando mientras la otra toca.

El maquillaje y la vestimenta también son parte esencial de su trabajo y esto tiene un motivo de ser. Las geishas deben ser artistas refinadas y cultas. Se les paga no solo por sus conocimientos sino por su sutilidad y elegancia al conversar y al moverse. Todo esto se incluye dentro de la imagen que dan y por tanto, la forma de arreglarse también es tratada con sumo cuidado.

A pesar de que no es uno de los rasgos principales que se asocian a las geishas, la habilidad de la conversación es fundamental. Estudian nociones de dialéctica, retórica y narración para mantener la atención de sus clientes de la forma más culta y elegante posible. Para esto leen mucho y se informan de todo tipo de temas, desde sociales hasta políticos. Son mujeres cultas que pueden hablar de lo que sea. Pero no se trata solo de mantener una conversación, también aprenden cómo introducirse en una conversación ya iniciada, cómo encontrar temas de conversación de forma sutil e interesante o cómo reforzar las impresiones de los demás partícipes.

Además de los trabajos habituales a los que se dedican las geishas en banquetes y ceremonias, también participan en distintas festividades anuales. En el Setsubon, por ejemplo, las geishas realizan danzas en los santuarios y tiran judías para alejar a los malos espíritus. También celebran otras festividades muy famosas como el Obake, el Nagashibina o los bailes de primavera, los Miyako Odori.

Como podéis ver, ser una geisha no solo consiste en pintarse la cara de blanco y ponerse un kimono. Es una profesión que conlleva años de aprendizaje y el dominio de muchas disciplinas. Y es que la función de la geisha ya no solo consiste en entretener, sino en dominar y preservar la cultura y las tradiciones japonesas conservando ese porte de elegancia tradicional tan característico en su profesión.