¿Límite en la transgresión artística? El caso de Wim Delvoye

¿Límite en la transgresión artística? El caso de Wim Delvoye

- 16 March 2018

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En el partido del arte, las reglas del juego cambian sin parar. A lo largo de los siglos, la relación del artista con su obra, el público y el orden se ha ido alterando. El siglo XXI ha roto muchos paradigmas. Ha dado lugar a una especie de mercado libre artístico. La visión del “arte para funcionarios” ha dejado de ser la única. Y el artista campa a sus anchas más que nunca. Esto nos lleva a presenciar obras mundialmente reconocidas por locas que parezcan. Por disparatado que nos pueda parecer que un museo o institución artística las acoja. En este paradigma, hablamos hoy de uno de los artistas más representativos de esta nueva escena artística. De esta manera de entender la creación tan de nuestro siglo.

Nació en Bélgica. Wim Delvoye es artista y brilla por su polémico trabajo. Su arte entra en todos los parámetros de la definición de “controversia”. A lo largo de los últimos diez años, su obra se ha expuesto en museos de la talla del Louvre en París o el Palacio de Bellas Artes de Bruselas. Aterrizó en portadas de todo el mundo en el año 2000 cuando empezó a trabajar en Cloaca. Una compleja máquina que reproduce el proceso digestivo humano para acabar creando muestras de excremento real. Posteriormente, entre otros, creó una serie de esculturas retorcidas de Cristo crucificado. Pero el capítulo más loco llegó con su proyecto Art Farm.

Art FarmWim Delvoye. Cloaca Quattro, 2007. Xin Beijing Gallery

Se encerró dos años en una granja próxima a la ciudad de Pequín. Y allí se dedicó a pintar cerdos vivos. Más concretamente, a tatuarlos. La idea no era exponerlos únicamente en vida, sino también vender su piel una vez muertos por alrededor de 65.000€. El proyecto causó revuelo global y fue acogido en múltiples galerías y museos. Obviamente, cubrió a gran parte del público, especialmente a los colectivos animalistas. Delvoye ha alargado el proyecto durante años: no es estático. Hasta tal punto que en 2008 le dio un giro a través de Tim. Devoye quería convertir en lienzo la piel humana. Entonces un hombre llamado Tim Steiner se dejó tatuar toda la espalda por el artista belga. A día de hoy ya ha vendido su piel para cuando le llegue el día de morir. A un coleccionista alemán por 150.000€. Hasta que eso suceda, expone su espalda por salas de arte de todo el mundo.

Art Farm kWim Delvoye en Yhang Zhen. (2003 – 2010) 

Toda la obra de Devoye, pero especialmente Art Farm, parte de la reflexión siguiente = la trivialidad con la que cualquier cosa puede transformarse en obra de arte. Favorecida o no por una serie de normas y condiciones sociales. Y en un paradigma en el que casi todo parece permitido, la polémica más descabellada y bizarra es la manera de plantear esta meditación. Sus cerdos tatuados pretenden eso. Pero os preguntamos, ¿hay límite para la trasgresión artística?