El cierre de la Bauhaus: una cuestión ideológica

El cierre de la Bauhaus: una cuestión ideológica

- 30 January 2019

1933. Una fecha aterradora para Alemania, para Europa y para el mundo: Hitler se convertiría en la encarnación viva de la ideología nazi, uniendo en su persona Estado y nación; el führer, ejecutor de acciones terribles, ocultas tras el argumento de salvaguardar el propósito íntimo de la raza. Dicha figura, ordenaría a las autoridades prusianas clausurar la innovadora escuela de la Bauhaus. Sin embargo, ¿por qué un líder fascista se tomaría tantas molestias en cerrar una escuela de arte?

Tras su clausura, los miembros de la Bauhaus se vieron obligados a emigrar a Estados Unidos, pero lo que nadie esperaba fue que esta persecución resultaría ventajosa para la escuela, puesto que se vio posicionada ante el mundo como la filosofía opositora al nacionalsocialismo. De todos modos, ya durante la República de Weimar, la idea planteada por el fundador de la Bauhaus, Walter Gropius, de hallar el equilibrio entre funcionalidad y elegancia, no era aceptada por la sociedad, hasta el punto de que se forzó su cierre en 1925, aunque se trasladaría de Weimar a Dessau y allí abriría de nuevo sus puertas. Sin embargo, el planteamiento de la escuela (esta ausencia de diferenciación entre la figura del artista y la del artesano), no sería la justificación en la que se apoyaría el nazismo.

Hitler decidió cerrar la Bauhaus porque no iba a permitir la existencia de una escuela de clara tendencia hacia el internacionalismo y de creciente afinidad con la ideología comunista. Pero no se trataba de una mera cuestión de odio a lo que representaba, sino de miedo a su poder, ya que poseía una visión del mundo muy cosmopolita y vanguardista, opuesta a la nostalgia y al nacionalismo nazis. De hecho, se podría decir que la escuela, desde el exilio, fue impulsora de una imagen universal a la que todos los desesperanzados podían aferrarse en tiempos de guerra, y es justamente eso lo que aseguró su supervivencia. Si, por el contrario, hubiera sido patrocinada por el Tercer Reich, habría perecido junto a éste.

En 1937, Moholy-Nagy, uno de los maestros exiliados, fundó la New Bauhaus en Chicago, aunque ésta no fue la única encarnación de la antigua escuela, pero sí la que respetaría con más fidelidad el plan de estudios original. Así pues, en 1951, el arquitecto y escultor suizo Max Bill, fundó en Ulm (República Federal Alemana) la Escuela Superior de Proyectación, que recuperaría pronto la denominación de Bauhaus o, para diferenciarla de la inicial, la Neues Bauhaus, enfatizando más en un carácter científico y racionalista aplicado a las artes.
Otra prolongación de la Bauhaus tiene su origen en un grupo de arquitectos judíos articulado en torno a Walter Gropius, quienes huyeron de Alemania debido al ascenso del nazismo. Éstos se dirigieron a Tel Aviv, implantando allí un plan de urbanismo respetuoso con las directrices arquitectónicas básicas de la Bauhaus. De este modo, diseñaron una ciudad que se pudiera adaptar al clima desértico y mediterráneo.

En definitiva, la escuela tenía asegurada su continuidad. Es más, a pesar de haber transcurrido un siglo, las ideas de la Bauhaus aún establecen el patrón que rige nuestra vida: hoy en día, prácticamente todo se adecua a su propósito. Por lo tanto, ya no se trata de un movimiento incomprendido; al contrario, se ha convertido en el estilo más familiar. La forma sigue a la función.