Ariadna Montfort, arte en movimiento

Ariadna Montfort, arte en movimiento

- 24 January 2019

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Como quien respira: Ariadna Montfort (Vilassar de Mar, 1983) baila por intuición. Según dice, las posibilidades creativas de la imaginación y la improvisación son infinitas. El juego consiste en dejarse llevar, en escuchar el cuerpo y permitirse explorar las distintas dinámicas del movimiento. A golpe de imaginación, todo es posible. Se pueden desafiar incluso los límites de la gravedad. Montfort lo tiene claro: “Tanto puedo flotar como pesar cincuenta toneladas”.

El movimiento es su lenguaje. El cuerpo, el papel en blanco sobre el que escribe. Ya lo decía la gran bailarina Martha Graham: “La danza es comunicación, y por lo tanto el gran reto es hablar claramente, hermosamente, y con certeza”.

Ariadna lleva media vida bailando por medio mundo. Se fue de casa con tan solo 17 años en busca de algo que aquí no podía encontrar – como tantos otros que emprendieron una marcha forzada – y lo que hizo fue rodearse de los mejores. Primero fue en Londres, en la Royal Academy of Dance. Luego llegó a Lausanne para recibir clases del mítico Maurice Béjart. Allí aprendió a desafiar los límites del movimiento y la resistencia y a domesticar el dolor. Trabajó cuatro años en la Stadttheater Bern, y más tarde echó raíces en Tel Aviv para seguir formándose de la mano de la Batscheva Ensemble y la Inbal Pinto and Avshalom Pollak Dance Company. Finalmente, volvió a casa para empezar a trabajar con la compañía La Veronal de Barcelona. Fueron años fértiles: en Israel tuvo la oportunidad de conocer de primera mano el método de fisioterapia de Ilan Lev y el lenguaje GAGA de Ohad Naharin, con el que aprendió que el baile no va de mirarse en el espejo, sino de liberar el cuerpo y sentir la dimensión del acontecimiento. Por eso, en las clases de la Batsheva los espejos se ocultan detrás de grandes cortinas negras. Y sí, los resultados son palpables. El espectador recibe como un vendaval el impulso de lo que ocurre en escena: un repertorio de movimientos enérgicos, explosivos; Una exhibición de fuerza, pasión y sincronía donde también se trasluce la precisión depurada de la técnica.

La vida nómada curte, y si no, que se lo digan a Ariadna Montfort. En su caso, la recompensa ha sido grande: ha vuelto más fuerte y con el mundo bajo el brazo. Ariadna baila, pero también es profesora de GAGA, imparte talleres y dirige espectáculos. En “Moaré”, su opera prima, Montfort nos propone un viaje de sonido y movimiento sobre la subjetividad de la mirada, sobre cómo construimos y creamos nuestra propia identidad a partir de la mirada de los demás. El espectáculo, que se estrenó en el Festival Grec, tuvo muy buena acogida: ganó el Premio de Danza del Institut del Teatre 2016, fue finalista en los Premios Max y nominada a los premios Butaca de la pasada edición.

Ahora que ya está aquí, Ariadna tiene la intención de quedarse. Quedarse, eso sí, para seguir bailando, investigando y creando, y también para enseñar a las generaciones que vienen lo que ella ha aprendido a lo largo de todos estos años, aportando también su mirada personal. La nueva faceta de coreógrafa y directora abre todavía más el abanico de posibilidades creativas. Aquí las cosas no son tan fáciles como en otros países. La crisis colea y las perspectivas son desalentadoras. El sector cultural sigue aletargado, y por si fuera poco, la danza no es, ni de lejos, el arte más comprendido ni el más apoyado. El desafío es mayúsculo, aunque ya se sabe: con el movimiento (y a fuerza de empeño) todo es posible.