Akira Kurosawa: ¿cine japonés occidentalizado?

Akira Kurosawa: ¿cine japonés occidentalizado?

- 28 February 2019

Tener un hijo ingrato duele más que un colmillo de serpiente. Una sentenciadora frase de El rey Lear de Shakespeare que dibuja el sinuoso perfil de las hijas perversas de dicho personaje monárquico. Esta turbia descendencia se ve reflejada, cambiando el género femenino por el masculino, en Ran (1985), una colorida película de Akiro Kurosawa repleta de excesos y decapitaciones, aunque el guión de este filmno conserva una sola palabra del original literario. Esto no quita que Kurosawa también fuera “culpable” de llevar a cabo adaptaciones de literatura occidental; tal es el caso de su película Hakuchi (1951), basada en la novela El idiota de Fiódor Dostoyevski. Entonces, ¿podríamos acusar a este director de occidentalizar el cine japonés?

Akira Kurosawa (1910-1998), cineasta incomprendido en Japón y alabado en Hollywood tras ganar el Oscar por Rashomon (1950), primer film japonés en obtener dicho premio, destaca por su obra de carácter simbiótico a nivel cultural. En efecto, no se puede negar que Kurosawa ejerció un gran peso como nexo de unión entre la cultura oriental y la occidental, puente que no establecería únicamente a través de Shakespeare y de los clásicos de la literatura realista rusa, puesto que, además, mostraría debilidad por la pintura impresionista y, sobre todo, por la obra de Van Gogh, a quien homenajearía en Los sueños (1990). 

En este sentido, Kurosawa también es culpable de forzar un vals o, si se prefiere, una danza tradicional japonesa como el Nihon buyô, entre el western y la cultura elitista del samurái; es curioso cómo suplanta las leyes del honor propias de los pistoleros del far west por la tradición del código ético del bushido. Incluso los elementos atmosféricos propios de los films de John Ford se intuyen en la persistente presencia de la lluvia que vemos en la batalla final de Los Siete Samuráis (1954). Del mismo modo, el entorno polvoriento característico de los duelos a revólver sirvió de referente para el enfrentamiento a espada entre Sanjuro y sus rivales en la secuencia con que concluye Mercenario (1961).

Para algunos, puede que sea una mala idea el hecho de que este cineasta se aferrara a la mirada eurocéntrica dominante, aquella que, tal y como predicaba Edward Said en su libro Orientalismo, tiene una falsa concepción de Oriente desde una perspectiva occidental, por lo que incorporarla en el cine de Kurosawa podría entenderse como un posicionamiento de éste a favor de la invisibilización de la cultura japonesa. Pero, ¿por qué no interpretarlo como una apuesta por el enriquicimiento artístico surgido de la hibridación? Tal vez este cineasta pueda ser visto como el representante del carácter universal del arte, gracias a esta perspectiva de simbiosis artística. Por lo tanto, más que de una occidentalización del cine de Kurosawa, quizás podríamos hablar de una fusión cultural, considerando que no necesariamente tiene que existir una predominancia de una cultura sobre la otra.

Lo cierto es que, sea como sea, el resultado cinematográfico es más que diferenciado y original: desde los modelos escénicos propios del western trasladados al ámbito guerrero japonés, hasta samuráis que reemplazan a los combatientes escoceses de Macbeth, tal y como vemos en Trono de sangre (1957).