Las 6 rutinas que seguían las mentes más creativas de la historia

Henri Matisse

Las 6 rutinas que seguían las mentes más creativas de la historia

1. Trabajar a primera hora de la mañana

Lo hacían Mozart, Georgia O’Keefe o Frank Lloyd Wright. Para algunos era la única manera de conseguir conciliar vida y trabajo. Para otros, porque ni nada ni nadie les podía interrumpir a las 5 de la mañana. Y su mente trabajaba limpia, y más fresca que nunca.

2. No dejar tu trabajo

Si tienes menos tiempo, eres más efectivo. Y tu creatividad se multiplica. Así lo hacía Franz Kafka, que escribía todas las noches antes de ir a la oficina. O William Faulkner, que escribió “As I lay Dying” por las tardes, antes de empezar el turno de noche en una planta de energía.

3. Dar muchos paseos

Todavía no se ha demostrado que dar paseos incremente la creatividad. Pero curiosamente Beethoven, Gustav Mahler, Erik Satie o Tchaikovsky acostumbraban a andar y andar, más de 2 horas al día. Para airearse o para pensar.

4. Seguir un horario

Le Corbusier se levantaba todos los días a las 6 de la mañana para hacer 45 minutos de ejercicios musculares. Y los vecinos de Emmanuel Kant podían fijar sus relojes a las 15.30 porque siempre que lo veían era a la hora de su paseo diario. Algunos lo llaman autodisciplina, otros, terror a no tener un horario de trabajo.

5. Abusar de substancias estupefacientes

W.H Auden, Ayn Rand o Graham Greene tomaban anfetaminas. Muchos otros probaron con vodka, whisky o ginebra. Pero la droga por excelencia siempre ha sido el café. Honoré de Balzac tomaba 50 tazas diarias (y murió de un paro cardiaco a los 51 años). Eso sí, se ha demostrado que la cafeína te mantiene despierto pero en grandes cantidades puede hacer disminuir tu creatividad.

6. Trabajar en cualquier parte

Jane Austen pasó sus años más productivos escribiendo en su sala de estar, con su madre sentada a tan solo unos metros. Agatha Christie tampoco tuvo nunca un escritorio, le servía cualquier superficie plana. Las distracciones no siempre son malas. En realidad, activan tu capacidad de concentración.

Foto de portada de Henri Matisse.