Todos deberíamos tocar el piano intocable

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Todos deberíamos tocar el piano intocable

La promotora de conciertos más joven de Alemania en 1975 se llamaba Vera Brandes. Tenía 17 años cuando convenció a la Ópera de Colonia para organizar un concierto del músico estadounidense Keith Jarrett. Sin ensayo, sin partitura. Pero al enseñarle el piano a Keith, algo empezó a ir mal. El instrumento estaba fuera de tono, las notas agudas sonaban mal. Pero Vera no fue capaz de encontrarle un piano nuevo, de modo que tuvo que suplicarle para que no cancelara el concierto. Keith aceptó. Y el concierto fue una maravilla. Fue una actuación electrizante. Relajante pero llena de energía. Keith supo mantenerse en las notas medias del teclado. Y saltó encima de las teclas para crear volumen y llegar a la gente que estaba más lejos. El público estaba entusiasmado. Y de hecho sigue estándolo. Y es que el disco del concierto de esa noche es el álbum de piano y de jazz más vendido de la historia

El instinto inicial de Keith Jarrett fue no tocar. Y aunque la reacción nos parezca normal, en realidad estaba equivocado. Cierto tipo de obstáculos pueden aumentar nuestro rendimiento. Porque las dificultades nos obligan a concentrarnos mucho más. Shelley Carson, psicóloga y gurú de la creatividad, analizó el trabajo de varios de sus estudiantes. A unos les resultaba fácil concentrarse y los estímulos externos apenas les molestaban. Otros tenían filtros débiles y cualquier ruido les interrumpía. Curiosamente los mejores resultados fueron los de aquellos que se distrajeron con más facilidad. Estos estudiantes fueron más creativos. Pudieron pensar fuera de la caja porque su caja estaba llena de agujeros. Y es que como explica Tim Harford en una charla TED y en su libro «Adapt: Why Success Always Starts With Failure». Sea por la razón que sea. Persuasión, fuerza de voluntad, obligación. Todos, de vez en cuando, tenemos que sentarnos y tratar de tocar el piano intocable.

Foto de Portada: Keith Jarrett en el concierto de Colonia.