Escribir, escribir, escribir

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Escribir, escribir, escribir

Gabriel Ventura es escritor. Sus poesías = oscuras, sobrias, enigmáticas. Es residente del centro de arte Piramidón, donde trabaja en un concepto de escritura expandido que bebe del arte contemporáneo, la filosofía y la cultura visual. Acaba de publicar W (Edicions Poncianes), una obra inclasificable. Mezcla de poesía, epístola e imagen. Protagonizado por un personaje que se dedica a viajar con una extraña misión: transportar un sapo rojo. Mañana se presentará en la Galería Senda con un diálogo entre Gabriel y Albert Serra, Vicenç Altaió, su editor Jordi Carulla-Ruiz y la intervención sonora de Mike Landscape.

Me gusta
lo que no entiendo.

Detesto
los límites

Admiro
a mi pareja, Rosa Tharrats.

Me enfadan
los lápices sin punta.

Sueño con
laberintos.

Mi mejor defecto es
la telepatía.

No me dejan dormir
las zarigüeyas.

Cuando trabajo
miro por la ventana.

Lo mejor de mi trabajo es
que también se puede hacer volando.

Y lo peor,
que a veces el suelo queda lejos.

Me obsesiona
escribir, escribir, escribir.

Me dan miedo
las iguanas.

No puedo vivir sin
libretas.

Mi proceso creativo es
imprevisible.

Me inspira
Ulises Carrión.

Para mí, tener una profesión creativa significa
irracionalidad.

Me gustaría trabajar/colaborar con
Pipilotti Rist.

Si tuviera que recomendar el trabajo de alguien sería
el de Boris Groys.

Lo que poca gente sabe de mí es que
nací el mismo día que Aleister Crowley.

En mi nevera nunca falta
limón.

Si no viviera donde vivo, viviría en
Groenlandia.

Si no me dedicara a lo que me dedico, sería
carpintero.

Mi lema de vida es
«Haz lo que quieras».

De aquí a 10 años me imagino en
Hawai, Bombai.

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