Carla Cascales
Diseñadora Gráfica y Artista

El trabajo de la diseñadora gráfica e ilustradora Carla Cascales (27 años) es sencillo, minimalista, neutro. Y lo es porque cree firmemente que la belleza puede encontrarse en cualquier parte y que no necesita ser ni estridente ni recargada. Por eso cuando no abarca trabajos comerciales le gusta experimentar con materiales olvidados, como las piezas de mármol con las que ideó Étimo, un proyecto escultórico muy personal que le ha permitido dejar el ordenador un poco de lado y empezar a trabajar con las manos. Un proceso que asegura haber sido muy natural y que la está llevando a un terreno mucho más artístico y singular.

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Carla Cascales: Lo más importante es transmitir paz

¿Por qué esta paleta de colores?

Me gustan mucho los colores naturales, los que te encontrarías un día paseando por la montaña. Los colores neutros inspiran mucho mi trabajo. Aunque es verdad que el azul cielo es un color muy potente.

¿Qué te transmiten?

Paz. Para mí es muy importante tener paz interior, estar tranquilo contigo mismo y con lo que haces. Por eso los colores muy vibrantes o muy vivos no van tanto conmigo porque no me transmiten esa tranquilidad que me gusta sentir cuando trabajo.

¿Cambian mucho tus preferencias de colores año tras año?

Creo que siempre he sido muy neutra. Antes, cuando me dedicaba más al diseño gráfico y a la ilustración, usaba mucho el blanco y negro y los colores pastel. Son colores que siempre me han gustado. Aunque el azul Klein es un color nuevo en mi paleta que antes nunca utilizaba.

¿Tienes referentes que te influyan especialmente por los colores que utilizan

De escultores me encanta Constantin Brâncuși, que también trabajaba los blancos del mármol y la madera. También me gusta mucho la cultura japonesa, donde pueden encontrarse toques de dorado y colores más oscuros.

Estudiaste Publicidad y Relaciones Públicas y te especializaste en Diseño Gráfico, pero parece que cada vez trabajas más con las manos. ¿A qué se debe este cambio?

El cambio ha sido muy natural e instintivo. Si dejas de lado las modas y haces caso a lo que te gusta de verdad al final acabas llegando. Prefiero seguir un camino más propio. No quiero trabajar con colores vivos, aunque se lleven mucho, si no son lo mío.

Tus proyectos abarcan desde el diseño editorial hasta la ilustración, la escultura, la pintura o el diseño de espacios. ¿Con cuáles disfrutas más?

Sigo trabajando mucho el diseño gráfico y la ilustración, ya sea para packaging o para editorial. Pero últimamente hago bastante volumen, como unos trofeos para unos premios. Al final las marcas te buscan para que hagas algo que tú más o menos ya haces por tu cuenta. Porque luego también tengo una vertiente más artística y hago piezas totalmente libres y sin un cliente detrás.

¿Ahora mismo estás trabajando en algún proyecto personal más artístico?

Sí, estoy intentando hacer figuras más orgánicas. Hasta ahora hacía mucha geometría con piedras pero ahora quiero intentar hacer algo un poquito mas orgánico. Que no tenga unas formas tan duras.

¿Dirías que siempre dejas una parte de ti en todo lo que haces?

Cuando estudiaba diseño siempre me decían: “No tienes que dejar tu huella, tienes que hacer caso a lo que quiera el cliente”. Pero al final creo que sí que tengo un estilo bastante personal y que los clientes que llegan a mí es porque buscan este estilo. Tampoco creo que sea negativo. Al final te creas un poco tu sello y te gusta que te pidan algo relacionado con lo que te gusta hacer.

¿Qué utilizas más: las manos o el ordenador?

Todavía hay mucho ordenador, yo diría que un 50-50. Normalmente por las mañanas estoy en el taller y por las tardes en casa con el ordenador. Al final el diseño gráfico siempre pasa por el ordenador, que es una herramienta maravillosa pero que no creo que deba ser la única.

¿Que dirías que tienen en común tu estilo como escultora y como diseñadora gráfica?

En ambos casos es muy minimalista. Me gusta llegar a la esencia sin perder la poesía. Tanto si haces un logo como si diseñas un libro, no me gusta poner muchos ornamentos. Todo lo que hago suele ser muy sencillo y muy neutro de color.

¿Te consideras más artista que diseñadora?

Creo que artista tienen que considerarte. Muchos de mis proyectos son encargos, con un cliente detrás. Pero si no hiciera otros más libres creo que me faltaría algo, sentiría que hay una parte de mí que no estoy aprovechando. Para mí las dos partes son la combinación perfecta. Una porque económicamente me permite vivir y la otra porque me permite expresarme.

¿Qué explican de ti tus proyectos?

Para mí todo puede ser bello. Me siento muy identificada con la cultura oriental. Aquí el concepto de belleza es muy joven, demasiado perfecto. Para los orientales el paso del tiempo también es bonito. No esconden las heridas sino que las muestran porque en realidad nos hacen más fuertes. Yo también cojo una piedra que está rota y con ella construyo algo estéticamente bonito. Esta filosofía está dentro de mí, va con mi forma de ser y me gusta que mi obra lo represente de alguna forma.

Étimo es tu último proyecto escultórico. ¿Cómo nació?

Este proyecto nació de recuperar piezas que me iba encontrando. Todo empezó un día caminando por la calle donde me encontré un mármol de encimera precioso que habían tirado a la basura. Tan bonito y tan brillante. Y pensé: ¿Cómo han podido tirar algo tan bello? Lo recogí y lo sumergí hasta la mitad en pintura azul para que quedara como un horizonte de mármol. Me gustó tanto y disfruté tanto haciéndolo que pensé en recuperar la belleza en otras piezas de mármol olvidadas. Empecé a ir a marmolerías y pedía piezas rotas o defectuosas. Y en el taller las limpiaba, las cortaba y las barnizaba para que fueran mate.

¿Te quieres centrar en el mármol?

El mármol me encanta porque es una pieza única. Es como una obra de arte natural. Me atraen sus colores y sus formas. Pero ahora me gustaría empezar a introducir otros materiales algo más orgánicos.

¿Qué forma el universo de Carla Cascales?

El amor a la naturaleza. Su belleza es insuperable. Por eso quiero recuperar piezas naturales olvidadas y mostrarlas de nuevo.

¿Qué proyectos tienes a la vista?

Este verano voy a hacer una residencia de arte con mi hermana en San Francisco. Ella es compositora de bandas sonoras y juntas queremos hacer una escultura sonora con las maderas de los barcos de la bahía de San Francisco. Todos esos barcos tienen piezas que ya están muy viejas y cuando las cambian se van amontonando. La idea es cogerlas y hacer una escultura con ellas mientras mi hermana crea una melodía con los sonidos del lugar. Después en diciembre tengo una exposición en solitario en la que mostraré Étimo junto a otras piezas nuevas.

¿Cómo te imaginas en 5 años?

Me gustaría pensar que puedo seguir trabajando por mi cuenta, vivir de lo que hago y organizar mi tiempo.

¿Te ves en algún color en especial?

Me encantan los grises, toda la gama desde el más oscuro hasta el más puro. Y luego arriesgar con alguna nota de color, pero el gris siempre está ahí.

Para acabar: ¿nos cuentas un sueño profesional?

Me encantaría hacer una escultura para un lugar público o colaborar con algún museo. Colocar una pieza mía en un jardín como el del Reina Sofía sería increíble.

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